FUNDAMENTACIÓN

XIV CONGRESO MUNDIAL DE MEDIACIÓN Y CULTURA DE PAZ

Aun cuando los seres humanos somos intrínsecamente bondadosos y, por naturaleza, aspiramos a alcanzar la paz interior e irradiarla hacia nuestros semejantes, el entorno social, desde nuestro nacimiento, conspira contra nuestras cualidades positivas, ya que es la cultura del “tener” la que estimula el desarrollo del individualismo, del egocentrismo y la ambición desmedida; actitudes en la que el otro sólo tiene cabida si se alinea a prescripciones y contradice a su propia esencia.

Las esperanzas de que el siglo XXI abriera espacio a sociedades fraternales, solidarias y cooperativas, en donde la coexistencia pacífica, la justicia social y el bien común, fueran el signo distintivo de nuestros tiempos, se ha diluido día con día, por lo que es necesario el fortalecimiento de espacios destinados a promover la cultura del ser, entre los que se encuentran nuevas estrategias de diálogo, mediación y conciliación, tanto intrapersonal como interpersonal y grupal. Una persona es violenta o es pacífica dependiendo de cómo se relaciona consigo misma. La familia, la escuela o la comunidad, son violentas o pacíficas dependiendo, también, de cómo se relacionan sus protagonistas, y lo mismo ocurre con la sociedad en general. De ahí que, desde nuestra perspectiva, resulte urgente cambiar la manera de relacionarnos, para lo cual, la mediación, en principio, pero también los diálogos, la conciliación y las prácticas restaurativas, son mecanismos idóneos para desactivar la construcción social de personalidades propensas a solucionar los conflictos a través de la fuerza.

Es inadmisible que hoy, se encuentren activos conflictos armados, también resulta insólito que, a pesar de esfuerzos, tanto de generación de normas como de políticas públicas para reducir la violencia en las instituciones socializadoras, éstas se encuentran expuestas a un aumento continuo de actos de control, de sometimiento y de dominación en franca contradicción con nuestras legítimas aspiraciones para alcanzar un desarrollo armónico y pleno de todas nuestras facultades pro sociales; realidad que se ha convertido en signo distintivo de nuestros tiempos.

En este contexto, urge redoblar esfuerzos a través de los congresos mundiales de mediación, para aportar a la sociedad argentina en particular, y a la mundial, en general, alternativas viables para que, en primer término, se reduzca la violencia en la familia, en la escuela y en la comunidad, pero también se desactiven conflictos en todos los ámbitos, incluyendo aquellos que dañan la vida y la evolución de naciones y que colocan en riesgo la seguridad mundial.

BUENOS AIRES, ARGENTINA